sábado, 11 de junio de 2016

QUE LA IGLESIA AME ESCUCHAR EL MENSAJE


Richard Baxter escribió:
"Haz que Dios tenga tus primeros pensamientos al despertarte;
levantad vuestros corazones a ÉL de manera reverente
y con acción de gracias”.

Meditamos en una porción de 1 CORINTIOS cada mañana




“Predicar el evangelio;
no con sabiduría de palabras,
para que no se haga vana la cruz de Cristo”
(1 Corintios 1:17)

Si el mensaje está en el centro de atención y no las virtudes de los hombres que lo expresan, la gente buscará el mensaje sin importar quien lo predique.
Si las virtudes de los hombres quienes predican el mensaje están en el centro, y no el mensaje en sí, la gente buscará a ciertos hombres y si no están ellos no valoraran el mensaje.

Por esto Pablo está centrando el foco de atención aquí en el mensaje: “el evangelio” (1:17), “la palabra de la cruz" (1:18), “Cristo crucificado” (1:23).
Los hombres nada son (3:7), no deben ser el centro.

Pero los corintios se enamoraban más de la forma de expresar el mensaje que del mensaje mismo. Y formaban sus grupos elite en los que al pertenecer sentían que lograban un estatus especial.
Por eso Pablo les escribe: “ninguno se gloríe en los hombres” (3:21).

Está claro que hay personas que tienen habilidades dadas por Dios para enseñar la Palabra (1:5), y aún su misma vida práctica adorna el mensaje (2:10). “Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene” (Proverbios 25:11).
Pero nunca, NUNCA, el mensajero tiene que tomar el centro.
Cada creyente debe amar la Palabra con todo su corazón (Salmo 119:159), sabiendo que es Dios quien habla a través de ella. Y sólo debe esperar del mensajero que:
  1) la viva primero él mismo (1 Timoteo 4:12)
  2) sepa cómo utilizarla (2 Timoteo 2:15)
  3) sea fiel a ella (2 Timoteo 2:2; Tito 1:9)
  4) sea profundo en las verdades bíblicas (Eclesiastés 12:9)

Irvin Busenitz: “La tarea propia del predicador es entregar los bienes, no fabricarlos. El es un mesero, no el cocinero” (“La predicación”. Pag. 287).

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