¡Oh, si Israel hubiera entendido a Dios! No hubiese depositado su fe en obras, y su confianza en las filacterias (Mateo 23:5). El Espíritu Santo vino a permanecer en nosotros, para llenarnos de él, y ser el todo en nuestras vidas. El Señor quiere estar en tu corazón, en tu mirada, en tus manos, en tu frente, en la puerta de entrada de tu casa, en tus hijos, en todo lo que es tuyo y en todo lo que eres. Quiere que tú le recuerdes siempre, por eso te llena de memoriales, por todas partes, para que con tus ojos lo veas, con tu mente le pienses, con tu corazón le ames, en tu hogar le alabes, y al atravesar el dintel de la puerta salgas a vivir su Palabra. Veamos ahora otra forma en que el Antiguo Testamento nos revela la obra del Espíritu Santo. En el libro de Números 15:38, vemos que Dios les dio un mandamiento a los hijos de Israel, el cual llegó a ser muy importante para los judíos, y en el presente todavía lo es. El Señor les mandó a que se hicieran franjas en los bor...
Deut. 32:4 Él es la Roca, cuya obra es perfecta, Porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; Es justo y recto.